Educación Mindfulness, educar en la consciencia

Educar en la Consciencia, educar para la Felicidad

Educar en la Consciencia es, en último término, educar para la felicidad. Y si bien educar en la consciencia es un arte, la Educación Mindfulness Transpersonal ofrece una hoja de ruta para padres, madres y profesores.

 

 

Esta es la tercera y última entrega del Decálogo de la Educación Mindfulness Transpersonal, en la que profundizamos en los siguientes 4 de los pilares de la educación consciente.

 

Nos damos cuenta de nuestros juicios y los soltamos

Nos entrenamos en la vivencia y aceptación de “lo que es’

Ponemos el acento de la labor educativa en la comprensión

La Educación Mindfulness fomenta la responsabilidad compartida

 

Si quieres leer las anteriores entregas del Decálogo de la Educación Mindfulness, puedes clicar en los siguientes enlaces:

 

Decálogo Educación Mindfulness I

Decálogo Educación Mindfulness II

7. Nos damos cuenta de nuestros juicios y los soltamos

Cuando dos personas con diferentes niveles de desarrollo de conciencia entran en conflicto, resulta enormemente difícil asumir una perspectiva diferente a la propia.

 

Desde cada nivel de conciencia expresamos motivaciones, anhelos y preocupaciones diferentes; aspectos que con facilidad son vistos como irrelevantes desde un nivel de conciencia distinto.

 

Estas diferencias se convierten en irritantes cuando se llega al conflicto, un conflicto que a menudo manifiesta el choque entre dos visiones de la realidad.

 

Educadores, niños y adolescentes se encuentran, por lo general, en diferentes niveles de conciencia. Cuando rechazamos y enjuiciamos el “mundo de los niños”, ellos nos devuelven un rechazo hacia el “mundo adulto”. Crecer entonces resulta mucho menos estimulante para ellos.

 

Sin embargo, cada nivel de conciencia, cuando es plenamente alcanzando, resulta de la integración y asimilación de los niveles precedentes. El adulto tiene, por tanto, una responsabilidad mayor a la hora de tratar de comprender la perspectiva del educando.

 

La Educación Mindfulness Transpersonal posibilita que el educador observe su propia irritación y juicios, y trabaje de forma efectiva con ellos. El mapa transpersonal invita a mirar adentro al plantear que, cuando brota el juicio y el enfado, realmente hay algo que aún no ha sido suficientemente integrado, observado y comprendido.

 

Al educar nos colocamos en una posición privilegiada para poder detectar y sanar las heridas de nuestro niño interior.

 

Mientras haya aspectos rechazados en nosotros mismos, continuaremos juzgando a quienes nos rodean. Por lo tanto, el llegar al estado de no-juicio que mindfulness señala requiere de un gran trabajo de autoindagación y perdón personal.

 

En este sentido, proponemos practicar el darnos cuenta de lo que estamos juzgando en el otro. Al mismo tiempo que llevamos la mirada adentro, podemos abrazar internamente aquello que rechazamos fuera.

 

Entonces sucede que la intensidad emocional del conflicto se reduce, al tiempo que se abre en nosotros una enorme capacidad creativa de resolución. Mientras permanece el conflicto externo, incluso las resoluciones intelectualmente más brillantes acaban perdiendo efectividad, dado que existen fuertes resistencias a su implementación.

 

8. Nos entrenamos en la vivencia y aceptación de ‘lo que es’

El mundo de la educación está, por lo general, tan lleno de planificaciones y objetivos, que resulta enormemente sencillo que nuestra mente vuele hacia lo que debería estar ocurriendo. De esta forma, se “infiltra” cierto nivel de estrés debido a una temporalización que a menudo conlleva un sentimiento de incapacidad o impotencia.

 

La educación mindfulness nos libera de este estrés pernicioso al recordarnos, una y otra vez que, la mejor manera de llegar desde “a” hasta “b”, es estando plenamente presentes en cada paso del camino.

 

Las posibilidades de transformación decrecen cuando perdemos de vista dónde nos encontramos en realidad ahora. Cuando no hay aceptación ni presencia, sencillamente no vemos las oportunidades presentes en lo que “hay” y “no hay” ahora.

 

Cuando no estamos presentes en lo que sucede ahora, en “lo que es”, aparece una energía de esfuerzo innecesario fundamentada en la resistencia a la realidad.

 

Al educar a ciegas, la educación pasa a convertirse en una tarea agotadora; como si estuviéramos empujando a los educandos como a grandes rocas que, o bien no ceden, o vuelven a caer incesantemente por la ladera de la montaña.

 

Al entrenarnos en la aceptación del presente, el contratiempo y el obstáculo se convierten en el camino; un camino lleno de oportunidades de observación y aprendizajes que suelen salirse de lo trazado por la mente.

 

 

Lo inesperado es siempre más real que lo imaginado,

y nos abrimos a ello con actitud de curiosidad y capacidad de sorpresa.

 

 

9. Ponemos el acento de la labor educativa en la comprensión.

Una experiencia educativa bastante frustrante y generalizada es la de vernos obligados a repetir incansablemente ciertos mensajes.

 

“¿Es que no me has escuchado?

¿Cómo lo tengo que decir para que se entienda?

¿Me estás retando?”

 

Desde un ego inmaduro, al final acabamos tomándonos como algo personal esta resistencia de los educandos a entender o a aplicar lo que decimos.

 

Lo cierto es que, ante la falta de otro tipo de recursos y estrategias educativas, acabamos enganchados a una mera repetición que, además de saber que no es efectiva, acaba desgastándonos y poniendo en duda nuestra capacidad educativa.

 

Si hemos elegido bien las palabras, adaptadas al nivel de desarrollo evolutivo del niño, y hemos asimismo buscado un espacio tranquilo, en el que el mensaje pueda ser convenientemente recibido, entonces el problema no es de entendimiento (intelectual), sino de comprensión.

 

Al comprender vinculamos una información o conocimiento con nuestra vida, dándole un significado personal. Este significado implica tanto a nuestras a emociones como a nuestro cuerpo.

 

¿Cuántas sustancias introducimos en nuestro cuerpo, sabiendo que éstas pueden ser nocivas? Todos sabemos lo que significa poseer un conocimiento que no aplicamos en nuestra vida; todos mantenemos, asimismo, ciertos hábitos, a pesar de la incoherencia que podamos sentir por ello.

 

Mindfulness nos lleva a comprender de forma viva la interconexión entre elementos que aparecen separados en nuestra experiencia. Como educadores, nos convertimos en facilitadores de vivencias o experiencias, permitiendo que se expresen nuestros sentimientos y sensaciones a través de éstas.

 

Cómo facilitar que esa conexión sea significativa y dé lugar a una comprensión es parte del arte de educar.

 

Lo que sí podemos hacer es ayudar a indagar tras la experiencia a través de preguntas tales como:

 

¿Qué has descubierto? ¿Cómo te has sentido?

 

10. La Educación Mindfulness fomenta la responsabilidad compartida

El fin último de una educación consciente es el de facilitar la generación de personas realmente responsables de sus decisiones. Es a partir de nuestras decisiones como construimos el mundo en el que vivimos.

 

La responsabilidad nos interconecta con la realidad, nos hace partícipes de ella. Mindfulness no busca un estado contemplativo de “desconexión” de la realidad, lo que resultaría evasivo.

 

Desde la dimensión más ética de mindfulness, nos hacemos más conscientes del gozo de ser útiles a los demás. Al mismo tiempo, nos hacemos conscientes de que nuestras aportaciones pueden contribuir a la armonía y felicidad de nuestro entorno.

 

Para llegar a ser conscientes de esta alegría de servir, tenemos que discernir con qué queremos realmente comprometernos y de qué queremos hacernos responsables.

 

No somos responsables, por ejemplo, de cumplir las expectativas que los demás depositan en nosotros. Tampoco somos responsables de cómo los demás nos interpretan y de cómo se sienten con nosotros. Necesitamos descargar la responsabilidad de los “encargos” externos, así como las deudas emocionales teñidas de chantajes más o menos sutiles.

 

Un educador mindfulness se hace conscientes de estas posibles cargas y deudas que parten de sus expectativas.

 

La libertad es el fundamento de la auténtica responsabilidad. La consciencia, por su parte, es el fundamento de la libertad. En realidad, lo que mayor felicidad nos proporciona y más refuerza nuestra autoconfianza es el hecho de sentirnos capaces de responder, de forma sabia e inteligente, a los desafíos y retos presentes en nuestra vida.

 

La responsabilidad es sinónimo del desarrollo de la capacidad de responder de forma consciente. El coste de no realizar esta apuesta educativa será la de vivir en piloto automático; es decir, reaccionando a lo que nos sucede de manera inconsciente, y viviendo una vida que no nos pertenece.

 

Aprender a responder en lugar de reaccionar nos hace libres.

 

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Escrito por:

josé miguel
José Miguel Sánchez Cámara Psicólogo Transpersonal Educador Mindfulness

2 thoughts on “Educar en la Consciencia, educar para la Felicidad

  1. Me ha llegado mucho este artículo. Gracias… palabras llenas de sentido , comprensión, aceptación y amor. Me llevo el decálogo a mi día a día. ” Al educar nos colocamos en una posición privilegiada para poder detectar y sanar las heridas de nuestro niño interior”…en todas las facetas de la vida, tanto al educar en mindfulness..a nuestros hijos, alumnos, pacientes….Educar es aprender !!

    1. Gracias Carmen!
      Nos alegramos muchísimo de que te haya llegado y servido este artículo.
      Pronto compartiremos el decálogo al completo!

      Un abrazo
      El Equipo de la EDTe

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