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Querido Universo, hoy pido un milagro…

 

“Querido Universo, hoy pido un Milagro. Hace años que dejé de creer en los Milagros, pero hoy he mirado al cielo estrellado, y de pronto algo inmenso me ha visitado… Hoy ya no “creo” en los milagros; sucede que ahora SÉ que puedo abrir mi corazón y esperar que algo Nuevo –con mayúsculas– suceda en mi vida… algo que mi pequeña mente lógica no es capaz ni de imaginar, y por eso sólo puede ser un Milagro.”

Pareciera que los adultos desde hace ya tiempo hemos dejado de creer en los milagros… En realidad dejamos de creer en ellos casi al mismo tiempo en que descubrimos quiénes eran los Reyes Magos.

Y es que desde el racionalismo de la mente lógica no se sostiene por mucho tiempo la creencia mágica de que una fuerza misteriosa nos concederá, milagrosamente, todo aquello que pidamos.

En este sentido, el desarrollo personal y transpersonal conlleva conocer nuestras creencias para, posteriormente, ir más allá de las mismas al tiempo que poco a poco nos abrimos a un espacio de vacuidad desde el que poder relativizar los contenidos pensantes. Comprobamos que en cada momento tenemos justo aquellas creencias que necesitamos. Y esta realidad no es enjuiciable.

Lo que ocurre es que, a mayor crecimiento y desarrollo interior, más desnudos de identificaciones vamos quedándonos ante la vida. Y desde esta desnudez nos acercamos al mundo con “mente de principiante”, es decir, con una actitud abierta e inocente que descubre cada instante como nuevo.

El Milagro es posible

Hemos recorrido mucho camino desde Papá Noel hasta la Universidad, y también desde la Universidad hasta lo que podríamos denominar como la “sabiduría del anciano”. Es éste un recorrido espiral en el que dicha sabiduría no niega el conocimiento racional, sino que lo integra y va más allá. La sabiduría reconoce las leyes cognoscibles de la vida, al tiempo que convive con el Misterio y la compasión, sabiendo que el milagro es posible.

La mente mágica de un niño vive en el milagro constante, mientras que la mente del adulto despliega recursos cognitivos para labrarse su propio destino. Finalmente, el sabio sonríe en silencio y observa el milagroso fluir de la Vida, con todos sus increíbles derivados.

“Sed como niños para entrar en el reino de los cielos”
Jesucristo

Ciertamente no es lo mismo pedir un milagro desde la inocencia preconsciente de un niño -que mira al cielo temeroso esperando concesiones-, que pedir consuelo de forma consciente, apelando a una Inteligencia Superior desde la humildad que conlleva el aceptar que no todo está en nuestras manos.

Cuando estamos desesperados ante una situación y no vemos salida alguna, ¿quién no ha mirado al cielo esperando un milagro, porque cree que no hay otra salida posible? En situaciones de este tipo,  tal vez convenga no hacer juicios, soltar la mente y respirar.

 

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Dios arreglará nuestros corazones partidos, si antes le entregamos todos los pedazos”.
Santa Teresa

Se dice que el milagro ocurre cuando nos rendimos… cuando soltamos el cómo nos gustaría que fueran las cosas y aceptamos confiados lo que la vida nos pueda traer. De hecho, el milagro parece llegar de la mano de un suceso inesperado, e incluso a menudo bajo la etiqueta de “desgracia” o “crisis”.

Y es en estos momentos precisamente cuando intuimos que detrás del obstáculo… hay tesoros escondidos que nos traen los grandes cambios del camino.

¿Acaso no es el amor un milagro?

¿Acaso la reconciliación con un adversario no es un milagro?

¿Acaso el vivir la paz profunda del alma no es un milagro?

¿Qué son las remisiones espontáneas de enfermedades que los médicos no se explican?

Una llamada repentina… ese encuentro inesperado… ese súbito chispazo de lucidez que todo lo resuelve… no tenemos a veces la sensación de que tales sincronías tienen sabor a milagro?

¿Somos conocedores de todo lo que en el Universo existe y acontece?

¿Qué significa el Misterio?

¿Es todo “colonizable” por nuestra mente racional?

La inteligencia cardiaca afirma que “Todo es posible”

Y entonces, ¿cómo abrir el corazón?

Tal vez deteniéndonos a menudo para respirar conscientemente, adentrándonos en el silencio vacuo e infinito a través de la práctica de la meditación, apostando por nuestro desarrollo y crecimiento, entrenando la atención plena y la “mente de principiante”, abriéndonos a las sincronías cada mañana, permitiendo que el Misterio sea sin tratar de entenderlo todo con la mente lógica, conectando con nuestra inocencia, invocando la magia de la vida, soñando y atreviéndonos a formular nuestros anhelos.

Espera un Milagro
Vicente Ferrer

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