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Mi vivencia del viaje iniciático “La Ruta profunda de Bulgaria: un viaje al corazón”

Agosto 2017. Iniciamos la Ruta Profunda de los Balcanes en Bulgaria. Nuestro punto de encuentro: Sofía, la capital del país, una de las ciudades más antiguas de Europa y tierra de asentamiento de tracios, otomanos y romanos. No tardamos en sentir el impacto de contrastes y culturas que se manifiestan a través de la arquitectura, la gastronomía e incluso de la lengua.

Primer día: Sofía, ciudad que debe su nombre a Santa Sofía, madre de la Fe, la Esperanza y el Amor, atestigua nuestro primer paseo desde el centro peatonal hasta la catedral Alexander Nevsky. Ésta nos recibe, majestuosa, con sus 11 cúpulas de oro; allí nos adentramos, durante un rato, en el silencio, al tiempo que comenzamos a sintonizar con la motivación más honda que nos ha traído hasta aquí, hasta esta tierra ancestral.

P1050639El paso por la capital es breve; el propósito del viaje nos impulsa a cambiar pronto de destino. El autobús y Tzetzo, nuestro conductor, nos espera para llevarnos hasta el próximo destino: Koprivshtitza, reserva arquitectónico–histórica ubicada en Sredna Gora, los Balcanes búlgaros. Allí comenzamos a respirar alta montaña…

Nos acoge un encantador hotel rural, donde podremos disfrutar de la rica cocina regional: pan pita recién horneado, tomates con aroma penetrante, salsas típicas, mermelada casera y auténtico yogurt búlgaro. Nos da tiempo de descansar y de perdernos por entre las bellas calles empedradas de la pequeña ciudad–reserva.2017-08-08 18.45.08

Nos recreamos en las cuidadas casas de finales del siglo XIV, mientras que Dimitri, nuestro guía, nos van desvelando la historia de este lugar, cuna de intelectuales y artistas.

Segundo día: iniciamos nuestra primera caminata contemplativa. Atravesamos el poblado y enfilamos hacia la montaña que nos espera. A medida que las casas van quedando atrás, pareciera que también nuestro pensamiento fuera dejando paso a la mirada silenciosa.

Nos reciben hayas con su largo tronco elevándose hacia un cielo que, desde allí, parece más cercano, más a mano. Algo se va silenciando dentro. El paisaje es cambiante, al igual que lo es la mente del caminante. Nos acompañamos en el silencio: caminamos en fila india, cada cual haciendo, a la vez, su propio viaje hacia el interior.

La montaña nos acoge y nos regala un espacio donde comer bajo la agradable sombra de un grupo de hayedos. Más tarde, la vida nos impulsa a seguir caminando. Gran metáfora, la del caminar… A poco que se observa con atención plena, se descubre que el camino es como la vida misma: subidas, bajadas, tramos de sol y otros de sombra, obstáculos en el camino…

La mente se agudiza a medida que la mirada va deviniendo más atenta y despierta.

Nuestra primera caminata termina en una agradable explanada, por donde pasa un riachuelo. Con alegría, varios de los viajeros nos descalzamos y sumergimos nuestros pies en el frescor de las aguas transparentes… Risas, cual niños en tarde de verano. Pronto iniciamos el último tramo de regreso hacia nuestro encantador hotelito.

Antes de despedir el día con una deliciosa cena, disfrutamos de un espacio de escucha y comunicación profunda con el grupo. Es esta una oportunidad para mirar adentro, capitular el día y tomar consciencia de aquellas comprensiones que han acontecido a lo largo del día. Cada uno bucea un poco más adentro de su corazón y en el del grupo.

Mañana será otro día. Mañana la vida nos deparará otro destino y nuevos paisajes.

Tercer día: Celebramos la llegada del nuevo día con 20 minutos de meditación. Cada uno, en su silencio, sintoniza con la vida, eligiendo desde dónde quiere vivirse en esta jornada que recién comienza, al tiempo que se trabaja en el “desactivar los automatismos” que amenazan con la amnesia a poco que uno se despista…

Tras el desayuno, el plan del viaje nos recuerda que la vida sigue y que la Ruta Profunda no ha terminado… Quizás quisiéramos quedarnos un poco más en este remanso de paz que es Koprivhstitsa.

“Caminante, no hay camino; se hace camino al andar…”. Uno se da cuenta de que el camino tiene que ser transitado y vivido; que no valen las memorias de lo conocido o lo esperado, pues el propio camino se ocupa de ir desvelando lo nuevo, lo que a cada uno le puede ser útil para su propio proceso de autoindagación.IMG_9322

A cada nuevo destino, descubrimos un poco más de la ancestral cultura búlgara. Descubrimos Bulgaria a través de los rostros, de los bosques, del delicioso yogurt, de la música… Casi sin notarlo, silenciosamente, el corazón de cada un@ se va abriendo. Aflora en el grupo un sentimiento de cooperación y hermandad. Cada compartir es un regalo al permitirnos proseguir en ese otro Gran Viaje que constituye el viaje al corazón de un ser humano.

En cada destino descubrimos la Belleza, a veces explícita, a veces más ocultada a simple vista. En realidad, la belleza de los paisajes nos va desvelando resonancias internas: algunas más sombrías, otros de una belleza sutil e inigualable… En cualquier caso, cada nuevo lugar nos sorprende.

Cuarto día: cada un@ de los viajeros hemos vaciado un poco más nuestra “mochila” de expectativas acerca de lo que iba o no iba a ser este viaje. A estas alturas todos tenemos ya la mirada más inocente, y el goce creciente se hace evidente: caminamos más silenciados y con una secreta alegría recorriendo nuestros cuerpos abiertos a lo Nuevo; disfrutamos de los sabores con Atención Plena, al tiempo que nuestra escucha hacia los demás y hacia el propio corazón se ha afinado y ahondado: ahora pareciera que pudiéramos oír incluso los sutiles mensajes del alma, que se entremezclan con el sonido de los árboles meciéndose.

Los días ruedan. Cada día está cargado de vivencias, no tan sólo porque haya “más” vivencias, sino porque cada minuto está cargado de presencia. Muchos compartimos la sensación de que cada día es como una vida completa.

Los días siguientes. La Ruta profunda de los Balcanes avanza mientras nos seguimos adentrando en el corazón de Bulgaria, a la vez que en el propio. Nos espera nuestro penúltimo destino: Pico Azul. Allí nos alojamos en un refugio – hotel en el que estamos solos; no hay nadie más en quilómetros a la redonda, tan sólo nosotros, peregrinos del corazón, junto con las estrellas, en íntima conversación con el Misterio.

A nuestra llegada, nos recibe Stefan: él es quien cuida del lugar, de los caballos, de los perros, de los tres gatos, del pavo real… y también quien cocinará para nosotros con generosidad.IMG-20170814-WA0007-1

Por la tarde, nos disponemos a meditar en una roca al lado del refugio–hotel. Desde ahí podemos contemplar el paisaje. Permanecemos en silencio, cada uno consigo mismo, pero a la vez sabiéndose parte de aquel grupo que, a esas alturas, se caracteriza por la comunicación profunda, la gran calidad humana y la predisposición amorosa hacia los demás componentes.

Tras largos minutos de silenciación, uno abre los ojos y contempla lo que se despliega en el horizonte. Se toma consciencia del lugar y de la presencia de los compañeros de viaje.

Allí estamos, un grupo de personas sentadas sobre una roca en la que los tracios elevaron sus miradas al cielo buscando religarse con sus dioses. Allí estamos, compartiendo ese espacio de silencio consciente y abrazando el instante desde la presencia.

Al igual que los árboles elevan su tronco hacia el cielo, así nosotros permanecemos sentados con nuestras columnas erguidas, como queriendo elevarnos hacia la infinitud de aquel cielo que desde la cima de la montaña parece un poco más azul.

La roca nos sostiene y acoge. Ahora es nuestro espacio meditativo, mañana tal vez lo sea el banco de la ciudad. En este instante, enfrente de nosotros, se abre la inmensidad de la vida. Debajo: vacío; podemos contemplar las cuatro casitas que duermen en el valle. Encima: vacío; el Universo como único testigo.IMG_9795

Mientras permanecemos suspendidos en aquel lugar silencioso y apacible, sentimos el abrazo del silencio compartido. Pareciera que los corazones de todos latieran al unísono… Casi se percibe incluso el latir de la montaña. Progresivamente, a uno le embarga un sentimiento con sabor de ancestralidad.

Pareciera que en nuestro corazón pudiera tener cabida, en aquel momento y lugar, la vida y la muerte, el llanto y la sonrisa, samsara y nirvana, arriba y abajo, pasado, presente y futuro… ese sentir que nos lleva a un Origen que nuestra mente no logra ubicar en la línea del tiempo. Uno se deja abrazar por aquel sentimiento, sabiéndose una pequeña, minúscula “ola” en aquel infinito océano de conciencia.

Las formas han cambiado, la consciencia ha evolucionado, pero allí, en aquel lugar, uno se siente visitado por el mismo Misterio con el que debían de hablar aquellos ancestros de la Humanidad.

Y allí, en aquella roca, el corazón se ensancha y abraza no solo a aquel maravilloso grupo de viajeros, sino a la humanidad entera: la pasada, la actual y la futura. Sentimos el propósito de este viaje realizado.

Mañana la vida nos impulsará hacia nuestro último destino: Plovdiv.

Mañana será otra vida… P1050926

Descubre nuestros próximos viajes iniciáticos

 

 

 Escrito por:

Darina Nikolaeva

 

 

 

 

 

Darina Nikolaeva

2 thoughts on “Mi vivencia del viaje iniciático “La Ruta profunda de Bulgaria: un viaje al corazón”

  1. Una hermosa y profunda experiencia que me permitió sanar parte de mi historia familiar, encontrar respuestas profundas y reveladoras, además de coincidir con un grupo de increíbles personas. Profundamente agradecida con Darina y Sara, seres de luz que me ayudaron a llegar al centro de mí Corazón. Y a Dimitri y Deby por su dedicación y entrega, como guías de esta increíble experiencia.

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